Argentina remontó a Inglaterra en el tiempo de descuento y se metió en otra final del Mundial 2026, con Lautaro Martínez y Enzo Fernández como ejecutores y Lionel Messi como autor de los dos pases de gol.
Tres minutos llevaba el partido cuando un choque de cuerpos mandó a Messi al suelo y el árbitro Ismael Elfath no señaló nada. El rosarino se incorporó, miró al colegiado, luego a un par de ingleses, y asintió con la cabeza. Quienes lo conocen saben lo que ese gesto significa. La historia volvió a darle la razón.
Argentina llegó a esta semifinal del Mundial 2026 envuelta en una narrativa que mezcla talento real con algo difícil de explicar en términos puramente futbolísticos. Estuvo a punto de quedar eliminada dos veces ante rivales inferiores. Tiene un plantel que acusa la edad en su núcleo, carece de amplitud en el juego por las bandas y tiende a apagarse en los momentos más exigentes. Nada de eso terminó por hundirla. argentina
La noche antes de que empezara el partido
El ambiente en el estadio ya era una declaración de intenciones. Los himnos previos al pitazo inicial fueron literalmente inaudibles: los hinchas de cada bando se dedicaron a ahogar el canto del rival con una cascada de silbidos y abucheos. El himno argentino dejó de ser un canto colectivo para convertirse en una batalla de decibeles, con ambas hinchadas perdiendo los estribos en el intento de imponerse sobre la otra.
No hay muchos partidos en la historia de los Mundiales que carguen con ese peso antes de que el balón ruede. Las implicancias políticas, la historia deportiva acumulada, la tensión que rodea cada cruce entre estas dos selecciones: todo confluía en una semifinal que los organizadores de cualquier torneo soñarían con tener en el programa. Y que tan pocas veces cumple lo que promete. Esta lo cumplió. england vs argentina semifinal mundial 2026
Cómo Argentina estuvo a punto de quedarse afuera
Durante buena parte del partido, Inglaterra fue el equipo más ordenado y consistente. Un bloque bien organizado, que no le regaló espacios a la Albiceleste y que encontró el gol por medio de Anthony Gordon en el segundo tiempo. Con ese tanto, la eliminación de Argentina parecía cuestión de minutos.
El apoyo argentino en las tribunas fue perdiendo volumen a medida que el equipo retrocedía. El canto inglés creció. Lionel Scaloni intervino en el segundo corte de hidratación e introdujo a tres de sus jugadores más experimentados. El partido cambió de ritmo, aunque no de marcador. Las ocasiones se acumulaban sin concretarse, y la más clara —un remate de Alexis Mac Allister a quemarropa en el minuto 77 que no encontró el arco— pareció ser la señal de que la magia argentina tenía fecha de vencimiento. Bonos verificados · +18 · Juega con responsabilidadBonos exclusivos para apostar al Mundial 2026
En ese instante, la sensación era inequívoca: el mismo misticismo que había sostenido a Argentina en partidos anteriores estaba finalmente jugando en su contra.
Los últimos minutos que nadie olvidará
Y entonces llegaron los goles. Primero Enzo Fernández, para empatar. Después Lautaro Martínez, en el tiempo de descuento del segundo tiempo, para darle la vuelta al marcador. Los dos bien ejecutados. Los dos precedidos por un pase de Messi. El estadio se partió en dos: lágrimas de euforia de un lado, lágrimas de desolación del otro.
Que Argentina haya llegado a esta instancia no se explica únicamente por el caos, aunque el caos haya estado presente en todo el camino. Tampoco se explica solo por Messi, aunque Messi haya cargado al equipo en varias ocasiones durante el torneo. El miércoles, el estilo fue menos improvisación y más La Nuestra: la denominación histórica de su manera de jugar, basada en el colectivo, la gambeta y una cuota generosa de picardía. Esa última ingrediente estuvo presente en los dos equipos y fue tolerada con amplitud por Elfath, que dejó correr el partido.
El resultado fue algo parecido a una pelea de boxeo de alto voltaje, con una primera fase dedicada a tantear al rival antes que a golpearlo. Hasta que Messi recordó el roce del minuto tres y Argentina hizo lo que ha hecho en todo el verano: hundir a un estadio entero en el delirio.
Argentina necesita ahora otros 90 minutos —o quizás 120— de esa misma magia para repetir como campeona del mundo.