La pasión de Bangladesh por Argentina y Brasil en el Mundial tiene raíces históricas profundas: colonialismo, pobreza compartida y la figura de Pelé y Maradona explican un vínculo que ya lleva décadas.
Cuando Shahidul Partha era niño en Kulkandi, a principios de los años 2000, su familia tenía uno de los pocos televisores del pueblo: un aparato de 14 pulgadas en blanco y negro, alimentado por batería. Cada noche de Mundial, hasta 80 vecinos se apretujaban en el patio delantero para ver a Brasil o Argentina. Tomaban té con leche, comían galletas y gritaban cada vez que alguno de esos dos equipos anotaba.
"Era un momento muy lindo, como si ellos estuvieran jugando junto a los jugadores", recuerda Partha, hoy de 35 años. Vive en Hatfield, Pensilvania, donde trabaja como ingeniero de software y comisionado municipal. La descripción que hace de esas noches es precisa: "Cuando era un gol, todos gritaban fuerte. La gente chillaba: 'Vamos, vamos, mételo'. A veces le daban instrucciones al televisor: 'Por ese lado, por ese lado'" (traducción).
Partha sigue siendo hincha de Brasil aunque vive a miles de kilómetros de Bangladés. La paradoja es que apoyar a la verdeamarela le recuerda a su país natal.
Un país de 170 millones sin clasificación, pero con pasión desbordante
Bangladés nunca ha clasificado para un Mundial. Aun así, la selección de más de 170 millones de habitantes y su diáspora llevan décadas siguiendo a Argentina y Brasil con una intensidad que pocos países con equipos clasificados podrían igualar. Los números lo evidencian: casi el 20% del tráfico al blog en vivo del diario The Guardian durante el partido inaugural de Argentina contra Argelia el 16 de junio provino de Bangladés. En Brahmanbaria, un hincha de Brasil pintó su casa de verde y amarillo, los colores de la bandera brasileña, y decoró la fachada con murales de futbolistas.
Los bangladesíes radicados en Estados Unidos describen ese apoyo a los equipos sudamericanos como un puente hacia su cultura y su herencia, y como un recordatorio de la independencia de su propio país. Bonos verificados · +18 · Juega con responsabilidadBonos exclusivos para apostar al Mundial 2026
La historia arranca en la década del 70. Bangladés declaró su independencia de Pakistán Occidental en 1971, y la infraestructura de radiodifusión del país fue mejorando de a poco. Fue en esos años cuando Pelé estaba en la cima de su fama internacional, y los bangladesíes —ciudadanos de una nación recién formada, con historia de colonialismo— se identificaron con los brasileños y con el ascenso del astro desde la pobreza.
Mehedi Farhana, de 48 años, recuerda que en su libro de historia de tercer grado, en la década del 80, ya se detallaban las dificultades tempranas de Pelé y su éxito final. Farhana es farmacéutica asociada, nació en Bangladés y hoy vive en Hatfield, Pensilvania. Ella y su familia son hinchas de Brasil de toda la vida. De niña se despertaba en mitad de la noche para ver los partidos del Mundial.
"Éramos, en ese momento, un país del tercer mundo. Manejábamos recursos mínimos, pero queríamos demostrarle al mundo que podíamos hacerlo", dice Farhana. "Ellos son iguales a eso: son pobres, no tienen grandes recursos, pero igual demuestran que pueden" (traducción). La identificación con el estatus socioeconómico de Brasil era directa y visceral para quienes vivieron esa época.
El Mundial 86 y la "Mano de Dios" como símbolo anticolonial
Para los años 80, la televisión a color ya se había extendido por Bangladés. La mayoría de sus habitantes vio el Mundial por primera vez en 1986, cuando la cadena estatal Bangladesh Television (BTV) transmitió el torneo en vivo. Ese torneo los atrapó: Argentina y Brasil los fascinaron, y lo que quedó fue una obsesión cultural que ya lleva generaciones.
En los cuartos de final de ese Mundial, Argentina derrotó a Inglaterra, el país que había colonizado la región que hoy es Bangladés durante casi 200 años. En ese partido, Diego Maradona marcó el gol que se conoció como la "Mano de Dios". Los bangladesíes todavía hablan de ese momento con emoción.
"Estas grandes estrellas aparecen y están derrotando a las naciones que antes los ocuparon", dice Onyx Chowdhury, bangladesí-americano de 40 años que vive en Long Island, Nueva York. "En un partido de fútbol, eso es algo que definitivamente marcó el corazón de la gente" (traducción).
Chowdhury observa una división generacional entre los hinchas de Argentina y los de Brasil de origen bangladesí. Su familia directa apoya a Argentina, pero la familia de su madre, de mayor edad, va por Brasil. La explicación es cronológica: "La generación mayor menciona a Pelé, porque los 70 fueron la era de Pelé. Luego vino Maradona en los 80. Y ahora, obviamente, mi generación tiene la era de [Lionel] Messi, así que todo fue bajando de generación en generación" (traducción).
El Mundial de 1986 también coincidió con un período de tensión política aguda. Bangladés había vivido bajo ley marcial durante varios años en las décadas del 70 y del 80. Ibrahim Chowdhury, periodista y escritor con 40 años de trayectoria, era entonces un activista recién egresado de la universidad. Formaba parte de un grupo internacional que apoyaba el movimiento obrero y se escondía de la policía. El fútbol le ofreció una pausa en medio de la represión.
"Estábamos peleando contra la autocracia del gobierno militar. En ese momento, era el único entretenimiento que llegaba. Nos reuníamos, la policía nos buscaba, y nosotros veíamos fútbol", relata Ibrahim Chowdhury. Un amigo hacía guardia afuera para avisar si aparecían los agentes. "Todo el movimiento político anterior a eso se congeló durante todo el Mundial... fue un momento muy memorable" (traducción).
Hoy Ibrahim Chowdhury tiene 65 años y vive en North Brunswick, Nueva Jersey. Está cumpliendo un sueño de toda la vida: participar del Mundial en persona. Consiguió un puesto como voluntario para recibir a los hinchas y orientarlos en los estadios del torneo de este verano. "Tenía la fascinación de cubrirlo como periodista, pero no pude conseguir la oportunidad", explica. "Cuando surgió esta posibilidad en Estados Unidos, Canadá o México, me postulé tanto para la credencial de prensa como para el voluntariado, y obtuve el pase de voluntario" (traducción).
La diáspora bangladesí y el fútbol como identidad colectiva
En Paterson, Nueva Jersey —ciudad con una de las comunidades bangladesí-americanas más grandes de Estados Unidos fuera de Nueva York— existe una liga local de fútbol bangladesí-americano que en su mayoría apoya a Argentina. La Bangladeshi American Sports League fue fundada en 2018 y desde entonces han participado cientos de jugadores de entre 14 y 35 años.
"Es como una emoción para la gente bangladesí", dice Monsur Latif, secretario de la liga, al hablar de los dos equipos sudamericanos. "No ven a Brasil o Argentina como un equipo diferente. Si hablas con ellos, es más como si fuera 'nosotros'. Aunque ninguno de nosotros haya estado en ninguno de esos países, la emoción siempre está" (traducción). Latif tiene 34 años y es ingeniero. argentina vs argelia mundial 2026 argentina brasil bangladesh mundial 2026