Cuando Bosnia y Herzegovina enfrentó a Estados Unidos en la fase eliminatoria del Mundial 2026, San Luis, Misuri, vivió algo difícil de clasificar: no era una rivalidad, era una celebración con dos banderas.
Cerca de 2.000 personas soportaron un calor agobiante en el patio del restaurante Bevo Caffe Lounge para ver el partido. El dueño del local, Mersad Smajic —inversor inmobiliario y empresario gastronómico que llegó a San Luis en 1997— calculó que la temperatura en esa terraza repleta rondaba los 54 grados Celsius durante el encuentro. Aun así, nadie se fue. Smajic vendió miles de salchichas mientras la pantalla mostraba a los dos países que definen su identidad.
San Luis tiene alrededor de 70.000 residentes de origen bosnio, la comunidad más grande fuera del propio país balcánico. La mayoría llegó huyendo de la guerra que devastó Bosnia entre 1992 y 1995, un conflicto que dejó más de 100.000 muertos —entre ellos unas 8.000 víctimas del genocidio de Srebrenica— y desplazó por la fuerza a más de dos millones de personas. Estados Unidos abrió sus puertas a los refugiados bosnios, y San Luis se convirtió en destino preferido por la disponibilidad de empleos y vivienda accesible, según consigna la Saint Louis University.
"Little Bosnia" en el corazón del Medio Oeste
La mayoría de los primeros inmigrantes se instaló en Bevo Mill, un barrio histórico de origen alemán que con el tiempo pasó a llamarse "Little Bosnia". Hoy ese legado es visible en la gastronomía de la ciudad: restaurantes como Balkan Treat Box, cuyo chef acaba de recibir un prestigioso premio James Beard, o Berix, el local que la familia de Samira Nukic abrió con apenas seis sillas en ese mismo barrio y que ahora opera en un espacio con capacidad para cien comensales. En su menú hay ćevapi —salchichas de res en pan plano bosnio— y bureky, una masa hojaldrada rellena de carne, papa, queso o espinaca.
Nukic tiene 28 años, nació en Alemania de padres bosnios y llegó a San Luis antes de cumplir uno. Intentó jugar al fútbol de niña, sin éxito, pero terminó gestionando los equipos masculino y femenino de su secundaria. Su vínculo con el deporte no se enfrió: viajó hasta Los Ángeles para ver a Bosnia contra Suiza en el Mundial, un partido que terminó 4-1 en contra.
"Definitivamente perdí la voz de tanto alentar a mi equipo", dijo Nukic, quien además de administrar el restaurante familiar trabaja a tiempo completo en marketing. "Llevar ese orgullo bosnio, estar tan orgullosa de nuestro pequeño país en el Mundial, fue algo diferente a todo lo demás" (traducción).
Días antes del partido del miércoles, miles de residentes bosnios desfilaron por las calles de San Luis con los colores azul, blanco y amarillo de su bandera, en el marco del amistoso de preparación entre Bosnia y Herzegovina y Panamá que se disputó en la ciudad. La escena evidencia hasta qué punto el fútbol funciona como hilo conductor de esa comunidad. Bonos verificados · +18 · Juega con responsabilidadBonos exclusivos para apostar al Mundial 2026
La dualidad del hincha que tiene dos países
Elvir Kafedžić nació en Bosnia en 1982 y creció pateando pelotas en la calle. Huyó con su familia en 1993. En Montenegro quedaron separados de su padre, a quien nunca volvió a ver; tras la guerra, su madre encontró algunas pertenencias de él en una fosa común. La familia pasó por Berlín y en 1998 llegó a San Luis, donde tenían parientes. Kafedžić siguió jugando, pasó por la Lindenwood University y los St Louis Strikers de la liga de desarrollo United Premier, y hoy es asistente técnico del St Louis City 2, el equipo de reserva del club de la MLS.
"Va a sentirse más como una gran celebración que como una rivalidad", dijo Kafedžić antes del partido. "Las familias estarán divididas, las camisetas serán mixtas, pero independientemente del resultado habrá orgullo de ver a Bosnia competir en esta instancia del Mundial, y al mismo tiempo un enorme agradecimiento hacia Estados Unidos, el país que se ha convertido en hogar" (traducción).
Esa tensión afectuosa quedó retratada en el estacionamiento del Bevo Caffe Lounge: autos y camionetas con banderas de ambos países pegadas al mismo tiempo, sin contradicción aparente. La mayoría de los asistentes llevaba la camiseta de Bosnia, pero el ambiente que describían los presentes no era de hostilidad sino de algo más complejo y más genuino.
"Algunas de las primeras cosas que muchos niños reciben en Bosnia es una pelota de fútbol", recordó Kafedžić, sintetizando en una imagen la herencia que esa generación trasladó al Medio Oeste americano (traducción).
San Luis tiene historia propia en el fútbol estadounidense. El capitán de la selección masculina de Estados Unidos, Tim Ream, es oriundo de allí, y la ciudad figura entre las diez con mayor audiencia televisiva del Mundial 2026 en todo el país. No es casualidad que se la conozca como "Soccer City".
Smajic lleva casi tres décadas en San Luis y ha visto crecer a esa comunidad hasta poder permitirse cosas que antes eran impensables.
"La gente lleva mucho tiempo aquí, así que ahora puede costear muchas más cosas", dijo. "Pueden ir a distintos partidos, viajar, gastar dinero" y "apoyar a nuestro equipo" (traducción).
Estados Unidos ganó el partido 2-0 y avanzó a la siguiente ronda, donde enfrentará a Bélgica. Bosnia quedó eliminada. La mezcla de emociones que describían los hinchas antes del juego se confirmó al pitazo final.
"Estamos un poco tristes", admitió Smajic, "pero estamos contentos de que Estados Unidos avance, y vamos a ganarle a Bélgica el lunes" (traducción).
"Fue fascinante para mí que tanta gente haya venido", agregó, refiriéndose a los casi 2.000 que colmaron su local bajo ese calor. estados unidos vs belgica mundial 2026 estados unidos bosnia herzegovina