El Mundial lleva cantos y pasión al béisbol estadounidense
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El Mundial lleva cantos y pasión al béisbol estadounidense

De los escoceses en Fenway Park a un nuevo héroe inglés en Atlanta: el cruce de culturas deportivas que nadie esperaba

Las hinchadas del Mundial 2026 están dejando huella en el béisbol de Estados Unidos: más de cinco millones de aficionados internacionales asistieron a juegos de las Grandes Ligas entre el 11 de junio y el 5 de julio, convirtiendo estadios de béisbol en réplicas improvisadas de Wembley o Hampden Park.

Primero cantaron por Harry Kane. Después cantaron por Michael Harris II.

Harris es jardinero central de los Atlanta Braves. A sus 25 años vive su mejor temporada en las Grandes Ligas, pero su cara no domina las vallas publicitarias de la ciudad como la de Shohei Ohtani o Aaron Judge. Para un grupo de aficionados ingleses que llegaron a Atlanta para el Mundial 2026, sin embargo, era una estrella.

La semana pasada, seguidores de la selección inglesa —recién llegados tras la dramática victoria en octavos de final ante la República Democrática del Congo— recibieron entradas con descuento para ver a los Braves contra los Cardenales de San Luis. Ocuparon un sector del jardín central en el Truist Park, colgaron sus banderas y llevaron los sonidos de Wembley a Georgia.

Harris, héroe involuntario del béisbol inglés

Por ser el jugador más cercano a esa tribuna, Harris captó la atención de los ingleses desde el primer inning. Su actuación en la victoria 5-1 —un hit, una carrera impulsada, cuatro outs— no igualó las hazañas de Kane en el partido de fútbol disputado esa misma mañana, pero los aficionados de rojo y blanco cantaron con entusiasmo de todas formas: desde "¡Caminando en un mundo Harris!" hasta "¡El béisbol viene a casa, con Michael Harris!" (traducción).

Esta edición del Mundial ha estado repleta de historias sobre visitantes internacionales que se maravillan con los pueblos pequeños, los delicatessen, los Walmart, el aderezo ranch y la cultura estadounidense en general. A eso se suma ahora un impulso concreto al deporte nacional del país anfitrión.

Más de cinco millones de aficionados asistieron a juegos en casa de los 14 equipos ubicados en las 12 ciudades sede del Mundial —incluido Toronto, en Canadá— entre el 11 de junio y el 5 de julio. La asistencia promedio en esos mercados fue de 35.326 espectadores, cifra superior a la registrada en el mismo período en tres de las últimas cuatro temporadas.

La llegada masiva de visitantes del Mundial no es el único factor detrás del aumento en las taquillas, pero el cruce de calendarios generó una colisión cultural difícil de ignorar: el ritmo pausado y silencioso del béisbol de verano frente a la energía ruidosa y frenética del fútbol internacional.

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"Nosotros exportamos el juego. Jugamos en otras partes del mundo. Y ahora el mundo viene a nosotros. ¿Qué experiencia es más americana que ir a un juego de béisbol?" (traducción), dijo Adam Zimmerman, vicepresidente sénior de marketing y contenidos de los Braves, quien supervisó la promoción para los hinchas ingleses.

Los escoceses en Fenway Park: kilts, gaitas y nueve innings

Los Boston Red Sox fueron los primeros en usar la oportunidad. Con Escocia en la ciudad para la fase de grupos, el equipo organizó una noche de herencia escocesa el 14 de junio ante los Rangers de Texas. Más de 5.000 integrantes del Ejército Tartan estuvieron entre los 32.006 espectadores que llenaron Fenway Park.

Que muchos de ellos no supieran nada de béisbol era evidente. "¿Cuántas entradas son?", le preguntó un hincha a un periodista de televisión local. "¡No me tomes el pelo!", respondió al escuchar que eran nueve (traducción). Lo que sí lo entusiasmó fue la comida: "Llevamos cuatro días aquí y todavía no he comido un hot dog. Me muero de ganas" (traducción).

El Ejército Tartan organizó una marcha con gaitas por la histórica Lansdowne Street, que bordea el estadio de 114 años de antigüedad. Las tribunas se llenaron de camisetas escocesas, kilts y medias rojas. Los hinchas cantaron "We've got McGinn, Super John McGinn"; entonaron Flower of Scotland tras el himno estadounidense, y rugieron cuando el organista del estadio tocó Loch Lomond y I'm Gonna Be (500 Miles).

El impacto de las escenas —que coincidieron con un mal momento del histórico club bostoniano— fue tan grande que el presidente del equipo escribió una carta agradeciendo a Escocia por "genuinamente una de las cosas más emotivas que hemos presenciado en Fenway Park en mucho tiempo" (traducción).

"Mi lista de pendientes incluye ir algún día a un partido europeo con mis hijos, y eso fue probablemente lo más cercano que uno puede estar en términos de ambiente", dijo Skip Schumaker, manager de los Rangers de Texas, cuyo propio equipo comenzó a poner No Scotland, No Party en el vestuario tras dos victorias con el Ejército Tartan en las gradas. "Fue algo especial" (traducción).

Los Marlins de Miami, que recibieron aficionados escoceses ocho días después, registraron su mayor asistencia en un partido de lunes en nueve años. Unos 8.000 seguidores contribuyeron a que un equipo históricamente en el fondo de la tabla de asistencia de las Grandes Ligas tuviera uno de sus mejores ambientes locales de la temporada, con una concurrencia de 20.008 personas.

En Texas, los Rangers recibieron a los aficionados australianos en el Globe Life Field, que queda al otro lado de un estacionamiento del estadio sede del Mundial en Dallas. Un seguidor de los Socceroos —quizás jugador de cricket en su país— se ganó los titulares el jueves pasado al atrapar con la mano desnuda una pelota de foul.

Los hinchas noruegos llevaron su característica celebración en fila al primer partido de una doble jornada de los Mets de Nueva York contra los Cachorros de Chicago. Un aficionado, claramente cautivado en parte por la gigantesca manzana de jonrón de 5,5 metros en el jardín central, le dijo a MLB.com que el Citi Field era el estadio deportivo más hermoso que había visitado en su vida.

"Nunca había ido a un juego de béisbol, y creo que esto es parte de la experiencia americana. Para mí, esto es Estados Unidos", dijo Daniel, visitante de las afueras de Oslo (traducción).

El apoyo noruego ha sido un aliciente para su selección, que por primera vez en su historia llegó a los cuartos de final del Mundial 2026. No les fue igual de bien a los Mets, que perdieron ambos partidos de esa doble jornada en medio de una racha de siete derrotas consecutivas. brasil vs noruega mundial 2026 noruega

La noche inglesa en Atlanta: una doble jornada de héroe

Los Braves comenzaron a planificar cómo usar el Mundial en Atlanta con meses de anticipación, pero la noche inglesa del 1 de julio tomó forma rápidamente una vez que se conoció el cuadro de la fase eliminatoria. El personal del club trabajó con el consulado británico y la Football Supporters' Association para organizar entradas con descuento y servicios de autobús gratuitos desde el centro de la ciudad, donde muchos aficionados habían pasado la tarde viendo la victoria ante el Congo en el estadio de Atlanta.

Por una sola noche se hizo una excepción especial para permitir el ingreso de banderas al estadio, cuyas paredes de ladrillo se llenaron de emblemas de Leeds y Londres, Birmingham y Brentford. El equipo contrató a una banda tributo llamada Broasis —sí, tocaron Wonderwall—, decoró un autobús rojo de dos pisos y fabricó camisetas con la leyenda "England is Braves Country" que "se vendieron como pan caliente", según Zimmerman.

Pero ningún momento tuvo mayor repercusión que el que ocurrió de forma completamente espontánea: la interacción de los hinchas con Harris. Tras el partido, le lanzaron gorras y camisetas para que las firmara y lo llamaron a gritos desde las gradas. Harris respondió al cariño, y la escena se convirtió en uno de los símbolos más inesperados de este Mundial en suelo estadounidense. inglaterra inglaterra rd congo octavos mundial 2026

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