Francia debutó en el Mundial 2026 con una victoria 3-1 sobre Senegal, pero el resultado no refleja lo que ocurrió durante la primera hora: un equipo desconectado al que solo Kylian Mbappé pudo rescatar.
Cuando sonó el silbato del descanso, Mbappé salió disparado hacia el túnel. Lo seguía Ousmane Dembélé. El resto de los franceses caminó sin apuro, como si volvieran de un entrenamiento liviano. Los dos delanteros tenían mucho de qué hablar.
El primer tiempo ante Senegal había sido un desastre. Los campeones del mundo de 2018 y subcampeones de 2022 no encontraron ni un hilo de conexión en ataque durante los primeros 45 minutos. Senegal presionó con orden, cortó líneas con facilidad y generó las mejores ocasiones del período, incluido un remate que se fue al palo. Francia, con cuatro delanteros de nivel mundial, parecía un equipo cuyos atacantes nunca habían compartido un entrenamiento. Tal vez ni se conocían los nombres.
Un ataque sin brújula
Michael Olise vagó por toda la banda derecha durante la primera mitad, en algún momento casi llegando al otro costado del campo con tal de tocar el balón. Désire Doué no apareció por la izquierda. Y entre Dembélé y Mbappé se acumularon los malentendidos: gestos, miradas, pases al pie equivocado. Nada funcionaba.
Al minuto cuatro, Adrien Rabiot —el mediocampista que el técnico Didier Deschamps defiende desde hace años pese a las críticas— le sirvió un balón a Mbappé, que lo controló con la cadera derecha con resultados predecibles. Los intercambios entre él y Dembélé fueron esperanzadores en la intención y pobres en la ejecución. La defensa senegalesa tuvo una tarde tranquila bajo el sol de Nueva Jersey.
Olise, en un momento de lucidez, desbordó a El Hadji Malick Diouf por la derecha y buscó a Mbappé con la mirada. Ninguno de los dos terminó de resolver hacia dónde iba cada uno. Nicolas Jackson remató al palo de Mike Maignan tras un mal despeje de Mbappé. Cuando el delantero del Real Madrid volvió a perder la pelota en campo propio, un periodista francés en la tribuna de prensa ya no pudo contenerse: "Oh la la la la la laaah", gimió en voz alta. Así, textualmente.
Deschamps reconoció la dificultad al término del partido. "De vez en cuando uno tiene un comienzo complicado", admitió. "Es bastante difícil cumplir con las altas expectativas en un Mundial" (traducción).
El cambio que lo resolvió todo
El mensaje del descanso funcionó. También funcionó el ajuste táctico: Olise al centro, Dembélé a la derecha. Francia subió la intensidad y al filo de la hora de juego encontró por fin el ritmo que el partido exigía.
Mendy le negó el gol primero a Olise y luego a Mbappé. El árbitro Alireza Faghani, con ayuda del VAR, tampoco concedió lo que parecía un penal claro sobre Mbappé tras una falta de Sadio Mané. Bonos verificados · +18 · Juega con responsabilidadBonos exclusivos para apostar al Mundial 2026
No importó demasiado. Al minuto 64, Olise giró en el centro del campo y filtró un pase diagonal precioso, en contra de la línea defensiva, para Mbappé. El delantero no llegó a conectar, pero la combinación ya existía. Dos minutos después, la repitieron casi de manera idéntica: Mbappé hizo un recorrido en diagonal hacia el arco y Olise lo encontró con un pase medido, bien colocado. Mbappé definió ante Mendy. El gol fue el número 57 con la selección francesa, igualando el récord histórico de Olivier Giroud.
Un remate de Jackson fue anulado por posición adelantada. Después, al 82, Rabiot irrumpió en el mediocampo durante una transición y habilitó a Bradley Barcola —recién ingresado por Dembélé— con un pase de profundidad. El suplente resolvió con un toque suave por encima del portero.
Ibrahim Mbaye, de 18 años, descontó para Senegal. Pero Olise y Mbappé tenían reservado un último momento para los 82.000 espectadores en Nueva Jersey. Ya en tiempo de descuento, Olise se sacó la marca de encima en una zona congestionada y le cedió el balón a Mbappé a unos 30 metros del arco.
Lo que vino después es difícil de explicar sin caer en la exageración, pero los hechos son los hechos: Mbappé giró, sin dudar un instante, y desató un disparo que se curvó y se coló junto al palo. Gol número 58 con Francia. 3-1 definitivo. El tipo de jugada que hace que un país deposite sus esperanzas en un solo jugador, que los niños le rueguen a sus padres esa camiseta, que un técnico lo deje en el campo incluso cuando lleva 80 minutos jugando mal.
"Me dijo que no quería marcar en un amistoso sino en un partido de verdad", contó Deschamps con humor sobre los goles récord de Mbappé. "Quería hacerlo aquí" (traducción).
Lo que queda después del 3-1
Nadie en el vestuario francés recordará este partido como uno de sus mejores. Senegal jugó bien. Muy bien en tramos. Presionó con cohesión, creó peligro real y pudo haber terminado con un marcador diferente. Pero Francia tiene a Mbappé. Y a Olise. También a Dembélé. Jugadores que le dan a su equipo —y a ellos mismos— un margen de error enorme.
"Kylian fue eficiente, implacablemente eficiente", dijo Deschamps. "La gente igual lo va a criticar. Es un jugador icónico, siempre lo he dicho. A veces puede desaparecer en un partido, pero con una sola acción puede inclinar la balanza" (traducción).
Al final hubo abrazos y sonrisas. Mbappé llevó a Les Bleus hacia la marea de hinchas franceses que colmaba las tribunas para agradecerles el apoyo. Las muecas del primer tiempo, los controles fallidos, los pases al pie equivocado, las señales cruzadas entre compañeros: todo olvidado.
francia vs senegal mundial 2026 francia senegal