El rendimiento de Asia en el Mundial 2026 dejó más preguntas que respuestas: siete de sus nueve selecciones cayeron en la fase de grupos, y solo Japón y Australia lograron sobrevivir al primer corte.
Por un momento, pareció que iba a pasar algo histórico. Japón presionaba a Brasil, le ganaba los duelos, le robaba el ritmo. Los Samurai Azul lucían superiores al cinco veces campeón del mundo y enviaban un mensaje claro: algo había cambiado en el fútbol asiático. Luego llegó el complemento.
La energía no alcanzó para los noventa minutos completos. Japón se fue replegando, Brasil encontró los espacios y al minuto 96 llegó el 2-1 que cerró el partido de octavos de final. Cuatro jugadores claves —Kaoru Mitoma, Wataru Endo, Takumi Minamino y Takefusa Kubo— no estuvieron disponibles. Con ellos, el desenlace podría haber sido otro. Sin ellos, la profundidad de Brasil terminó siendo determinante.
Antes del pitazo inicial, el entrenador Hajime Moriyasu había cargado con algo más que la responsabilidad de ganar un partido. "Representamos a Asia. Sé que otros equipos asiáticos no tienen tanto éxito", declaró. "Me gustaría que pudiéramos animar a otros equipos asiáticos y ser su esperanza" (traducción). El apoyo de hinchas de toda la región en las tribunas confirmaba que el partido tenía ese peso simbólico.
El modelo japonés y el problema del continente
Lo que Japón construyó —visión de largo plazo, paciencia, desarrollo generacional— no tiene réplica en el resto de Asia, aunque los resultados recientes podrían convencer a algunos. Moriyasu podría reflexionar sobre un punto táctico relevante: si el nivel general de Asia fuera más alto, Japón no tendría que defender tan profundo durante tantos minutos en sus propios torneos continentales, y llegaría mejor preparado para enfrentar a equipos como Brasil.
El balance del Mundial 2026 para Asia es difícil de suavizar. Siete de sus nueve selecciones quedaron eliminadas en la fase de grupos —el formato más amplio de la historia del torneo—, mientras que de las diez africanas solo una corrió la misma suerte. Australia, el otro sobreviviente, enfrentaba a Egipto el viernes.
Con Irán, sin embargo, hay que hacer una lectura distinta. El equipo iraní empató los tres partidos y estuvo muy cerca de avanzar a la siguiente ronda. El contexto lo explica en parte: el país fue atacado por Estados Unidos e Israel en febrero, lo que hizo imposible una preparación mínimamente normal. Ya en territorio norteamericano, el equipo no recibió el mismo trato que las otras 47 selecciones participantes. Darle una lectura estrictamente deportiva a su eliminación sería ignorar lo que ocurrió fuera de la cancha.
Los debutantes y los que no tienen excusa
Jordania, Uzbekistán e Irak también merecen cierta indulgencia. Los tres debutaban en un Mundial y su experiencia internacional es limitada. Jordania, golpeada por las lesiones, anotó en los tres partidos. Irak tuvo un grupo que nadie hubiera querido: Francia, Noruega y Senegal. Cuando la presión apretó, los errores defensivos se multiplicaron y la diferencia de nivel quedó expuesta. Perder los nueve partidos entre los tres no es un buen dato, pero tampoco cuenta la historia completa.
Uzbekistán tiene un sistema de formación juvenil que empieza a dar frutos, aunque la falta de un estándar consistente en todo el continente sigue siendo un obstáculo. Jordania solo contaba con dos futbolistas activos en Europa; el Mundial debería abrir puertas para que otros sigan ese camino. "Nuestros jugadores son jóvenes y necesitamos usar la experiencia que tuvimos aquí para rendir mejor en un nivel de competencia más alto", dijo el entrenador Jamal Sellami. "Para estar en la élite necesitamos más jugadores que compitan en ese nivel" (traducción).
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Arabia Saudita y Catar comparten ese mismo problema estructural: planteles compuestos casi en su totalidad por jugadores de sus ligas locales. El dinero que atrae a estrellas extranjeras a esas ligas también reduce los incentivos para que los talentos domésticos busquen desafíos fuera. El resultado es una zona de confort que no forma futbolistas capaces de competir al máximo nivel internacional. Ninguno de los dos tiene un plan de largo plazo creíble; Arabia Saudita lo ilustró en abril, cuando cambió de técnico —de Hervé Renard a Giorgios Donis— a semanas del torneo. Al menos los Halcones Verdes rescataron dos empates. La derrota 6-0 de Catar ante Canadá, considerando el nivel del rival, probablemente sea el peor resultado asiático del certamen. canada vs qatar mundial 2026 qatar
Corea del Sur fue quizás la mayor decepción, porque los números indicaban que debía clasificar. El triunfo inicial ante la República Checa fue alentador —los tres equipos que perdieron ante rivales asiáticos en esta fase, Turquía y Túnez incluidos, terminaron en el fondo de sus grupos—, pero lo que vino después fue desconcertante: actuaciones pasivas y sin ideas ante México y Sudáfrica. El técnico Hong Myung-bo ya renunció ante una presión social que no tiene precedentes en el fútbol coreano, aunque el problema va más allá de un solo entrenador. corea del sur
El presidente de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), Salman bin Ibrahim Al Khalifa, tuiteó elogios para Japón y Australia. Pero el resultado global sugiere otra cosa: Al Khalifa lleva en el cargo desde 2013 y el continente sigue sin avanzar de manera colectiva. Algo no está funcionando en la conducción.
La AFC tiene responsabilidad directa en esto. La Liga de Campeones asiática ha sufrido cambios de formato repetidos que favorecen a las naciones más poderosas, especialmente a Arabia Saudita, que aloja los partidos desde cuartos de final en adelante. En las eliminatorias mundialistas, Arabia Saudita y Catar también se beneficiaron de la localía y de un calendario favorable. Sin esas ventajas, es posible que ninguno de los dos hubiera llegado al Mundial, y a la vista de lo que mostraron, quizás eso habría sido mejor para el desarrollo real del fútbol en la región.
Cuando el polvo se asiente habrá mucho que analizar, pero los plazos son cortos. La Copa Asiática arranca en Arabia Saudita en enero y el ciclo comienza de nuevo. Hay una oportunidad concreta para que las federaciones tomen nota, respiren hondo y empiecen a pensar en el largo plazo siguiendo el modelo japonés. Si lo hacen, quizás en el siguiente Mundial más de una selección asiática acompañe a los Samurai Azul en la fase de eliminación directa. japon brasil mundial 2026 japon