Trabajar en el Inglaterra vs. Argentina del Mundial México 1986 en el Estadio Azteca dejó al periodista una anécdota imborrable: fue testigo directo de la Mano de Dios y del mejor gol que vio en su vida, además de protagonizar el momento más vergonzoso de su carrera al micrófono.
Eran 114.000 personas en el Azteca y un zumbido constante que llenaba el estadio como si fuera un panal gigante. Eso es lo primero que recuerda el periodista al evocar el cuarto de final entre Inglaterra y Argentina en el Mundial México 1986, el partido que marcaría su debut televisivo con ITV y que nunca imaginó que se convertiría en uno de esos momentos de los que uno dice «yo estuve ahí».
Llegar al estadio fue una aventura aparte. El tráfico en Ciudad de México avanzaba a paso de tortuga, los trayectos cortos consumían horas y, si la suerte no acompañaba, el conductor terminaba negociando con algún policía local dispuesto a cobrar una pequeña "colaboración" para dejar pasar el vehículo. El comentarista Martin Tyler y el narrador tuvieron que trepar hasta lo alto de la cabina para ocupar su posición de transmisión, con el estadio ya repleto mucho antes del pitazo inicial.
Inglaterra llegaba con confianza
La selección inglesa venía de ganar en el propio Azteca días antes, contra Paraguay, y mostraba una columna vertebral sólida: Peter Shilton bajo los tres palos, Terry Butcher en el centro de la defensa, Glenn Hoddle en el mediocampo y Gary Lineker como referencia de ataque. Chris Waddle y John Barnes, los dos extremos de mayor calidad, batallaban por hacerse un lugar en el once titular.
La altitud era una preocupación real. Jugar en esas condiciones exige que el balón trabaje por los jugadores; las carreras de recuperación se vuelven un castigo físico. Inglaterra aguantó bien el primer tiempo, pero al inicio del segundo llegaron los dos momentos que definirían no solo el partido sino la historia del fútbol.
El primer gol de Maradona es el más debatido de todos los tiempos. La mayoría sostiene que fue intencional, pero la lectura del narrador es más matizada: Maradona, temeroso de recibir un golpe en la cabeza del portero Shilton —que salió un poco tarde—, levantó el brazo y el balón chocó con su mano antes de entrar a la red. Al no ver el banderín del juez de línea ni escuchar el silbato del árbitro tunecino Ali Ben Nasser, el argentino celebró sin pudor una trampa evidente. Los jugadores ingleses rodearon al árbitro de inmediato para protestar. Nasser nunca volvió a pitar un partido de Copa del Mundo, aunque sí se llevó el balón como recuerdo.
El mejor gol visto en directo
Minutos después vino el segundo, y ahí no había lugar para reclamos. Maradona recibió cerca del mediocampo y se fue en un recorrido hipnótico: superó a Reid y a Peter Beardsley, luego a Butcher y a Terry Fenwick, y definió con calma ante Shilton. Para el narrador, fue el mejor gol que presenció en vivo a lo largo de toda su carrera, por encima del voleo de Gareth Bale para el Real Madrid contra el Liverpool en la final de la Champions League 2018 y de la corrida de Son Heung-min desde su propio campo contra el Burnley.
Bobby Robson mandó a la cancha a Waddle y Barnes en busca de la remontada. Una asistencia magnífica de Barnes encontró la cabeza de Lineker y el 2-1 encendió una esperanza fugaz, pero no alcanzó. Inglaterra quedó eliminada y Robson, habitualmente comedido, perdió los estribos en la entrevista de después del partido con el árbitro. Bonos verificados · +18 · Juega con responsabilidadBonos exclusivos para apostar al Mundial 2026
El partido también dejó el momento más embarazoso de la carrera del narrador al micrófono. Cuando Maradona, desde la línea de fondo, levantó un centro al segundo palo, la descripción que salió al aire fue: «Maradona consigue una elevación asombrosa en sus balones desde el ángulo más cerrado» (traducción). El doble sentido involuntario quedó grabado para siempre.
Un contexto que el tiempo cambió por completo
Los cuartos de final de aquel Mundial reunieron nombres de peso: Brasil, México, España, Bélgica, Francia y Alemania Occidental acompañaban a Argentina e Inglaterra. Cuarenta años después, el nivel del fútbol africano ha crecido de forma notable, aunque todavía no se sabe si algún equipo de ese continente llegará a los cuartos en el Mundial 2026.
Otras cosas han cambiado de raíz. En 1986, el equipo de televisión de ITV se alojaba en el mismo complejo que la selección inglesa, en Saltillo, a una hora de Monterrey. Eso permitía ver a los jugadores a diario junto a la piscina y asistir a los entrenamientos, algo impensable hoy. Las instalaciones tampoco tenían nada que ver con los estándares actuales: sin canchas de primer nivel, sin cocinas de alta gama ni los mimos a los que están acostumbrados los futbolistas modernos.
Algunos jugadores que disfrutaban de las carreras de caballos consiguieron que el personal de ITV les organizara la señal del Derby entre los dos primeros partidos del grupo. También circulaban videos de carreras estadounidenses y había apuestas de por medio.
El comienzo del torneo para Inglaterra había sido cualquier cosa menos prometedor. Derrota ante Portugal, empate con Marruecos y una prensa inglesa que ya hacía las maletas mentalmente. En la recepción de un patrocinador tras el segundo partido, los periodistas recogían sus obsequios y bebían con la convicción de que el viaje estaba por terminar.
Bobby Robson y su asistente Don Howe —figura muy respetada en el cuerpo técnico— cambiaron el sistema y la táctica para el partido ante Polonia. Se ha dicho muchas veces que los propios jugadores tuvieron parte en esa decisión. Sea quien fuera el autor del cambio, el resultado fue un hat-trick de Lineker en la victoria 3-0 que relanzó la campaña. Luego llegó Paraguay y la confianza creció, hasta que Maradona la cortó de raíz. inglaterra vs argentina mundial 1986 inglaterra