Diego Simeone, Michael Owen y Glenn Hoddle recuerdan los duelos de Inglaterra y Argentina en los Mundiales de 1998 y 2002, dos encuentros que definieron una rivalidad construida tanto en la política como en el fútbol.
Diego Simeone se arremangó el pantalón y señaló la cicatriz en su espinilla. "Todavía tengo un recuerdo de Stuart Pearce de ese día", le dijo al periodista en 2002, desde la villa que el entonces mediocampista compartía con su esposa Carolina en Roma. "Gran partido." Era la manera en que Simeone resumía lo que significa enfrentarse a Inglaterra: contacto, intensidad, historia.
La rivalidad entre ambas selecciones es descrita como el único derby transcontinental, forjada en guerras, invasiones británicas de 1806 y 1807, la Mano de Dios y la patada de Beckham. Pero quienes la vivieron desde adentro también reconocen algo más difícil de explicar: una admiración mutua que persiste debajo de toda la acrimonia.
"Me encanta jugar contra los ingleses", confesó Simeone en aquella entrevista previa al Mundial de Corea-Japón. "El fútbol inglés es siempre más abierto, agresivo y apasionado. Ganes o pierdas contra equipos ingleses, siempre sientes que fue un duelo de verdad. La primera vez que jugué contra ellos fue en Wembley en 1991…" Y ahí vino la cicatriz.
Saint-Étienne 1998: el partido que marcó una generación
El enfrentamiento de octavos de final en Francia 1998 fue el primer partido mundialista entre ambas selecciones desde la Mano de Dios en México 1986. Simeone lo recuerda sin ambigüedad: "Es el mejor partido internacional que he jugado". Luego agrega algo que suena casi a elogio sincero hacia el rival: "Estuvieron increíbles esa noche. Alan Shearer y Paul Ince fueron extraordinarios. Hubo momentos en que parecía que Shearer nos estaba peleando solo. Hay que recordar que jugaron 70 minutos con diez hombres."
Lo que Simeone omitió mencionar, al menos sin que se lo recordaran, es que él fue el artífice principal de esa reducción. El minuto 47 quedó grabado en la memoria colectiva del fútbol inglés: Beckham recibió una falta de Simeone, reaccionó con un manotazo torpe y el árbitro danés Kim Milton Nielsen sacó la roja. Simeone se había desplomado al suelo con una teatralidad que el propio involucrado terminaría reconociendo años después. "A veces hay que ser un poco astuto y a veces hay que hacerse el tonto. Yo fui el inteligente. Beckham no me hizo nada", admitió en una entrevista posterior.
En aquel momento, sin embargo, fue más cuidadoso. "No fue solo mi culpa. También hay un árbitro involucrado. Entiendo que David tuvo unos meses horribles después. La prensa le cargó toda la culpa. No me parece nada justo. Solo cometió un error, una reacción instintiva." Cuando le contaron que un maniquí con su imagen había sido colgado de una soga frente a un pub londinense, Simeone no esquivó la opinión: "Es completamente exagerado. No es que me asuste, pero es una advertencia para todos, incluidos los periodistas. Hay que tener cuidado."
Décadas después, la imagen de Simeone y Beckham juntos en Miami —durante argentina vs cabo verde mundial 2026 en el Mundial 2026— cerró ese capítulo de otra manera. "Me encontré con un viejo amigo", escribió Beckham en Instagram.
Glenn Hoddle, técnico de Inglaterra aquella noche, recuerda la roja de Beckham con una mezcla de incredulidad y resignación. "Pensé: 'Ahí viene la amarilla', pero de repente salió la roja. Y yo pensando: '¿Qué diablos está pasando aquí?' Nunca en un millón de años fue una expulsión. Becks sabe que hizo algo incorrecto y que a ese nivel lo van a convertir en algo más, que es lo que pasó. Pero se necesita un arbitraje firme." (traducción)
El gol de Owen y el trauma del gol anulado
Si Argentina tiene el segundo gol de Maradona en 1986 —frecuentemente considerado el mejor de la historia—, Inglaterra tiene la corrida de Michael Owen desde la mitad de la cancha para poner el 2-1 en Saint-Étienne. Owen tenía 18 años. Veinticinco años después, el propio Hoddle describió la jugada con detalle: "No tenía ningún miedo. Cuando Michael giró, corrió y superó a los primeros dos jugadores, recuerdo haber pensado: '¡Maldita sea, está solo!' Pero Roberto Ayala estaba tan retrasado, casi sobre la D del área, y yo no lo había visto. Pero en cuanto Ayala lo encaró, quedó claro que no tenía idea de la velocidad que tenía Michael." (traducción)
Owen reconstruyó la jugada con la misma precisión. "Becks me dio el pase inicial y uno de sus mediocampistas estaba a solo un par de metros. Pensé que si daba un buen toque podía pasarlo y generar un ataque. Fue solo después del primer toque, que tomé en carrera, que levanté la vista y pensé: '¡Dios mío, hay un gol acá!'" (traducción)
"En cuanto vi a Ayala, que estaba aislado más atrás, era cuestión de crear la mejor oportunidad para disparar. No querés acercarte demasiado y que te robe la pelota. No querés empujarla demasiado plana y cerrar el ángulo. Después era solo el remate." (traducción)
Simeone reconoció que Argentina no había estudiado a Owen, quien había debutado con la selección ese mismo año. "Fue un shock para nosotros. Tenía solo 18 años y no lo habíamos visto jugar. Fue una sorpresa agradable para los hinchas, pero no para nosotros." (traducción)
El partido llegó al 2-2 y luego vino el momento que Hoddle todavía describe como una pesadilla. Al minuto 81, Sol Campbell cabeceó al fondo de la red. Los jugadores ingleses ya festejaban en el córner. Argentina seguía atacando el arco de David Seaman. El árbitro anuló el gol por una infracción de Shearer. "Es casi como si lo estuviera viviendo de nuevo. Es tan profundo", dijo Hoddle al evocar el instante veinte años después. "Me marcó. Estoy mirando hacia el banderín del córner donde Michael está encima de Sol. Hay unos cinco jugadores festejando. De repente vi a Ray Clemence, el entrenador de arqueros. Mira hacia la cancha y dice: '¿Qué carajo está pasando?' Mis ojos vuelven al campo y están atacando. Es como una pesadilla." (traducción)
Owen fue más escueto pero igual de elocuente: "Que Argentina no haya marcado desde ahí fue increíble. ¡Creo que era once contra cuatro!" (traducción) Bonos verificados · +18 · Juega con responsabilidadBonos exclusivos para apostar al Mundial 2026
El desenlace llegó en los penales: Argentina ganó 4-3. Cuando los autobuses de ambas selecciones quedaron momentáneamente lado a lado afuera del estadio de Saint-Étienne, los jugadores argentinos no ocultaron lo que sentían. John Gorman, asistente de Hoddle, lo describió así: "Se los podría haber confundido con hinchas. Saltaban como locos." (traducción) Simeone no disipó esa lectura: "Eliminar a Inglaterra, con toda la historia que eso conlleva, fue una alegría enorme." (traducción)
Sapporo 2002: la revancha y la sonrisa de Pochettino
Cuatro años después, en Sapporo, el guión se invirtió. Inglaterra ganó 1-0 en la fase de grupos del Mundial de Corea-Japón 2002. El gol llegó desde el punto del penal, ejecutado por Beckham —quien de esa manera cerró su propio ciclo con Argentina— tras una falta sobre Owen cometida por un defensor que entonces casi nadie en Inglaterra conocía: Mauricio Pochettino.
Pochettino, con los años, desarrolló una respuesta habitual cuando le preguntan por esa acción. Siempre sonríe. "Seguramente fue una simulación", dijo. (traducción) Owen, por su parte, fue honesto en su evaluación: "Podría haberme mantenido en pie; el defensor me tocó y sí tenía un buen corte en la espinilla por eso, pero podría haberme quedado parado." (traducción)
La victoria inglesa en Sapporo fue leída como señal de que el equipo había aprendido a moverse con más picardía en este fixture particular. Pero el partido de 1998 siguió siendo el de mayor peso emocional para los protagonistas, el que concentra más capas: la genialidad adolescente de Owen, la astucia consumada de Simeone, el error de Beckham, el gol anulado a Campbell y la derrota en los penales. Todo en noventa minutos más tiempo extra en una ciudad del sur de Francia.
La rivalidad entre argentina e inglaterra acumula política, guerras y fútbol en proporciones que pocas otras pueden igualar. Simeone lo resumió con la misma franqueza que mostró durante toda aquella conversación en Roma: los ingleses son el rival que más disfruta enfrentar, precisamente porque el costo de perder se siente diferente. historia rivalidad inglaterra argentina mundiales